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jueves, 22 de enero de 2015

Ave de la semana: Queleli o Caracara de Guadalupe

Una de las historias que mejor resume el peligro que puede representar el ser humano cuando lleva a cabo actividades descontroladas y sustentadas en la ignorancia es la del Caracara de Guadalupe (Caracara lutosa, Figura 1), o Queleli, como era llamado. Una triste historia que no va más allá de 31 años, en la remota isla de Guadalupe, el punto más occidental del país, en las aguas territoriales del estado de Baja California.

Figura 1. Dibujo de Queleli, especie endémica y ahora extinta de Isla Guadalupe. Imagen tomada de: http://conabio.inaturalist.org/taxa/4713-Caracara-lutosa

El Queleli (Figura 2) era similar en tamaño a los Caracaras norteños (Caracara cheriway, Figura 3), pero diferían en coloración, siendo más claros que estos últimos, sólo la cresta, las plumas del vuelo y escapulares eran café oscuro, mientras que el resto del cuerpo café claro barrado, por lo que recuerda más en esto a algunos ejemplares del Carancho (Caracara plancus, Figura 4) que habitan en la Patagonia.

Figura 2. Fotografía del Queleli, ejemplar en exposición en el Museo Roger Williams en Rhode Island, Estados Unidos. Imagen tomada de: http://www.birdzilla.com/blog/2014/03/29/north-to-new-england/comment-page-1/

Fue descubierto para la ciencia por el Dr. Edward Palmer en 1875. Él indicó que eran muy abundantes en toda Isla Gudalupe y que los habitantes las cazaban y envenenaban porque atacaban a las cabras, pero a pesar de ello su tamaño poblacional parecía no verse afectado. Eran, además, según el relato del Dr. Palmer, tan abundantes y voraces que los lugareños tenían que defender a las cabras, sobre todo a las crías que quedaban desamparadas, por lo que no perdían la oportunidad de matar uno cuando la tenían. Catorce años después, el Dr. Palmer volvió a visitar la isla, sin poder encontrar ningún ejemplar.

Caracara cheriway
Figura 3. Caracara norteño, nótese el plumaje más oscuro y mayormente sin barras.

No sólo la cacería y envenenamiento hicieron todo el trabajo, las cabras incrementaron su número y consumieron gran parte de la vegetación, con lo cual el hábitat del Queleli y muchos otros organismos se vio deteriorado. Y pese a que no hay evidencia, no resultaría raro que las ratas introducidas en la isla hayan podido consumir los huevos. Con todo esto, los días del Queleli parecían estar contados.

Figura 4. Algunos Caranchos en la parte más sureña de su distribución, como el de la fotografía, presentan una coloración similar a la del Queleli. Imagen tomada de: http://prometheus.med.utah.edu/~bwjones/2006/11/crested-caracara/

También en 1889 el Dr. Walter E. Bryant visitó la isla, encontrando al Queleli poco abundante y todavía siendo perseguido por los locales. Cuatro individuos fueron reportados en 1896 por cazadores de cabras; Henry B. Kaeding vio uno el 22 de marzo de 1905; 13 fueron vistos el primero de diciembre de 1900 por Rollo H. Beck, quien los encontró a su llegada y pensó que eran comunes, dando cacería a 11 de ellos para colecta científica, esa fue la última vez que un ornitólogo competente vio alguno, quizás estos eran los últimos individuos que quedaban en la isla.

En el año de 1906, W. W. Brown y H. W. Marsden pasaron dos meses en Isla Guadalupe, en los que recorrieron la isla por completo y no vieron alguno, incluso mataron cabras y sus cadáveres fueron expuestos en puntos donde los Queleli pudieran detectarlos, pero no tuvieron éxito. Treinta y un años después de que la comunidad científica lo conociera, su historia había finalizado.

Dada la lejanía de Isla Guadalupe y del poco tiempo que sobrevivió desde que fue descubierto, fue poco lo que pudimos aprender del Queleli, pero una lección no se debe de olvidar, la ignorancia es un temible mal que puede volver en nuestra contra hasta la más útil de las herramientas y debemos combatirla con todos los recursos que tengamos.

lunes, 6 de octubre de 2014

Endemismo

Una especie endémica es aquella cuya distribución está restringida a cierta región y no se puede encontrar en ninguna otra parte del mundo; sin embargo, el tamaño del área a la que una especie está restringida es variable, es decir, la distribución de las poblaciones no son constantes y lo que hoy puede ser endémico de una región, mañana podría no serlo, además, la consideración de si una especie es endémica dependerá de la zona de la que se esté hablando.

Campylorhynchus brunneicapillus
Figura 1. Matraca del desierto, sólo se encuentra en ambientes en los que hay cactáceas.

Así, podemos encontrar endemismos de diferentes niveles geográficos, por ejemplo: el Junco de Guadalupe (Junco insularis) es endémico de Isla Guadalupe, la Matraca del desierto (Campylorhynchus brunneicapillus, Figura 1) sólo se encuentra en sitios en los que hay cactáceas, la Gaviota de patas amarilla (Larus livens, Figura 2) se restringe al Golfo de California, el Tulerito (Geothlypis beldingi, Figura 3) sólo se encuentra en Baja California Sur, la Urraca hermosa de cara negra (Calocitta colliei) es endémica de México y el Cernícalo americano (Falco sparverius, Figura 4) se encuentra sólo en América.

Larus livens
Figura 2. Gaviota de patas amarillas, pese a que es endémica del Golfo de California en ocasiones sigue por el Río Colorado o llega al Océano Pacífico.

¿Qué factores ocasionan que una especie sea endémica? Son tres los principales: el primero son los accidentes geográficos, es decir, montañas, ríos, mares, desiertos y demás que eviten la dispersión; el segundo es la especialización por algún recurso, así, si se requiere un cierto tipo de sustrato para anidar y de algún tipo de alimento, la especie sólo se podrá encontrar en aquellos lugares donde se exista el sustrato adecuado para los nidos y el tipo de alimentos que requieren; y el tercero es una baja capacidad de movilidad o dispersión, ya sea por características anatómicas (incapacidad de volar), fisiológicas o conductuales (alta filopatría).

Geothlypis beldingi
Figura 3. El Tulerito es un ave de distribución muy restringida al sólo anidar en tulares de los oasis de Baja California Sur.

Desafortunadamente mientras más restringida sea la distribución de una especie puede tener mayores problemas de conservación, pues en un área menor hay también menor cantidad de individuos de la población y es más probable que un fenómeno catastrófico como incendios, huracanes, erupciones volcánicas o sequías, entre otras, eliminen a una gran porción de toda la especie, que teniendo un bajo número poblacional, difícilmente podrá recuperarse.

Falco sparverius
Figura 4. El Cernícalo americano de distribuye en gran parte de América, pero no se puede encontrar fuera del continente.

Además de causas naturales hay que sumar los problemas que originan las actividades humanas, como la deforestación, contaminación, sobrepastoreo y en general, cambio de uso de suelo y fragmentación del hábitat. Incluso las actividades como la observación de aves pueden ser perjudiciales si no se llevan a cabo adecuadamente, pues las especies endémicas son muy deseadas por los observadores de aves, ya que suelen ser más difíciles de encontrar, llevando a algunos incluso a destruir el hábitat o a molestar a las aves con tal de observarlas más de cerca o fotografiarlas. De tal manera, ya en la península de Baja California contamos con vergonzosos ejemplos de extinciones, como el Paíño de Guadalupe (Oceanodroma macrodactyla) y el Caracara de Guadalupe (Caracara lutosa).

Por tal motivo, no basta con salir a la naturaleza, observar y generar conocimiento, hay que hacerlo de forma prudente, tomando en cuenta el bienestar de los organismos, que al fin y al cabo nosotros somos los interesados en verlos, no sólo hoy, sino mañana.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Las aves de Baja California

La península de Baja California es un lugar único en México para la observación de naturaleza, pues su fauna es más similar a la del suroeste de Estados Unidos que a la del resto del país. La variedad de ambientes que en ella se pueden encontrar son muchos y muy variados, incluyendo manglares, selva baja (Figura 1), bosques de coníferas (Figura 2), desiertos (Figura 3), oasis (Figura 4) y chaparral, entre otros. Lo anterior ocasiona que en el territorio peninsular se hayan reportado hasta el momento 516 de las aproximadas 1,100 especies que en todo México se han registrado, es decir, cerca del 47% de las aves en poco más del 7% del territorio nacional.

San Antonio de la Sierra 03
Figura 1. Selva baja en San Antonio de la Sierra, Baja California Sur.

San Pedro Mártir
Figura 2. Bosque de pino en Sierra San Pedro Mártir, Baja California.

Desierto
Figura 3. Desierto en la región del Vizcaíno, Baja California Sur.

San Ignacio
Figura 4. Vegetación mesófila e higrófila en el oasis de San Ignacio, Baja California Sur.

Si bien la fauna local es similar a la de Arizona y California, la localización de la península y su pasado geológico han ocasionado que se encuentren también aves de afinidad tropical que difícilmente llegan a Estados Unidos, como el Paíño de Galápagos (Oceanodroma tethys, Figura 5), común en el sur de la península. Como habría de esperarse, la cantidad de subespecies endémicas que aquí se pueden encontrar es elevada, siendo las montañas del norte y del sur las zonas con mayor cantidad.

Oceanodroma tethys
Figura 5. Paíño de Galápagos en Los Barriles, Baja California Sur.

Pero si de endemismos se habla, no se pueden dejar de mencionar las cuatro especies endémicas:
El Güírigo (Toxostoma cinereum, Figura 6), se encuentra desde el sur en Cabo San Lucas hasta muy al norte, entre los valles formados por las sierras San Pedro Mártir y Juárez. Esta ave endémica es la más común de las cuatro, localizándose desde ambientes áridos hasta oasis.

Toxostoma cinereum
Figura 6. Güírigo en el estero de San José, Baja California Sur.

El Zafiro de Xantus (Hylocharis xantusii, Figura 7), cruza apenas el paralelo 28 y está asociado a zonas húmedas y de gran altitud, siendo el único colibrí presente en las zonas más altas de la Sierra de la Laguna.

Hylocharis xantusii
Figura 7. Zafiro de Xantus en la presa de La Buena Mujer, Baja California Sur.

El Tulerito (Geothlypis beldingi, Figura 8), anida sólo en los oasis de Baja California Sur, razón por la cual tiene serios problemas de conservación, encontrándose enlistada por la NOM 059 como en peligro de extinción.

Geothlypis beldingi
Figura 8. Tulerito, en el oasis de La Poza, Baja California Sur.

El Junco de Guadalupe (Junco insularis), apenas denominada a nivel de especie en 2014, se ha egistrado en la zona boscosa de Isla Guadalupe, territorio más occidental de México, también se encuentra enlistada por la NOM 059 como en peligro de extinción por los graves problemas de conservación que a lo largo de la historia han asolado a la isla.

De esta manera, mi objetivo con este blog es dar a conocer un poco de las aves bajacalifornianas, de los sitios para observarlas, de sus problemas de conservación, así como de algunos otros temas de interés para los naturalistas que viven o planean visitar esta tierra de contrastes, donde lo común es extraordinario y lo extraordinario común.